4/11/15

España: Caso Asunta: Dar al público lo que pide

Por ABC Galicia

ABC Galicia
España

Extractos:

Cuatro días de tensa espera por el veredicto después de un mes interminable de juicio televisivo y televisado. Y los nueve miembros del jurado dictaminaron lo que el público quería: culpables del todo, sin matices ni rodeos. La masa ya tiene el ajusticiamiento que el sensacionalismo mediático le inoculó como sentencia adecuada para el asesinato de Asunta Basterra. Dos años de bombardeo amarillista, de especulaciones gratuitas en prime-time y a caballo entre la tertulia política y la mesa camilla del corazón, que obtienen el merecido premio. Una culpabilidad plena, sin aristas, haciendo feliz a José Antonio Vázquez Taín después de quedar expuesta durante la vista del juicio más de una chapuza en su atribulada instrucción, donde la ausencia de pruebas se suplía con desbordante imaginación y generosas elucubraciones.

Entonces, si el jurado ha comprado al pie de la letra el relato de los hechos de Vázquez Taín, sin mover una sola coma a pesar de lo evidenciado en un mes de juicio, ¿para qué lo celebramos? ¿Qué necesidad había de articular todo un proceso si ni siquiera demostrando incoherencias palmarias en la «versión oficial» los jurados han sido capaces de recogerlas en su veredicto? ¿Qué estuvieron haciendo durante los cuatro días de deliberación?

Una teoría pudiera ser que los nueve ciudadanos anónimos se limitaron a darle a la sociedad una solución que no planteaba dudas morales. Se vive más tranquilo sabiendo que se ha hecho lo que se esperaba de uno, respondiendo a las expectativas creadas por terceros con elevados shares de audiencia. No serás cuestionado por tus próximos por haber arrojado a los leones a Porto y Basterra, porque si por la televisión dicen que son unos asesinos implacables, ¿quién es un humilde jurado, de profesión ama de casa, frutero o electricista, para contravenirlo?

Una condena así, rotunda, da aliento al experto matinal para felicitar al jurado. Mejor eso que las miradas esquivas por haber sido cómplice en la absolución de quien todo el mundo cree culpable. Es paradigmático que el fiscal relajara su posición inicial sobre la participación de Alfonso Basterra en la muerte de Asunta por la falta de pruebas, pero eso no hiciera mella alguna en el veredicto final.

La segunda teoría es la patada hacia delante: que sea otro tribunal, con criterios jurídicos, el que se encargue de sentenciar en base a lo expuesto en la sala y no a la opinión publicada. Que se coma otro el marrón de contravenir al tertulianismo ilustrado, porque a fin de cuentas, si se introduce algún matiz en el Tribunal Superior o en el Supremo siempre podrán escudarse en la ignorancia de las jergas legales. Bendita Ley del Jurado que los prefiere legos con certificado.

Y la tercera ya fue planteada en estas páginas cuando comenzó el juicio: que fuese realmente imposible encontrar un solo resquicio para la imparcialidad en un caso tan sumamente conocido, que daba exactamente igual qué se dijera o probara en sala porque el veredicto estaba cantado desde el primer día. Las caras de repugnancia que algunos jurados mostraron durante las declaraciones de los padres de Asunta hablaban por sí solas. No era una reacción puntual, era un estado de ánimo muy preciso.

Ahora estamos en la resaca del ajusticiamiento. Si ayer inflamos la instrucción, ahora haremos lo propio con las lagunas del veredicto, un análisis que ABC realizó el domingo y que el lunes reproducía sin el más mínimo rubor — y sin citar a la fuente— Telecinco en sus informativos y programas. Es de agradecer que aún haya lectores de periódicos. Si ayer exigíamos justicia rápida y fulminante, hoy le damos la vuelta a la toga y nos preguntamos si no habría alguna duda sin resolver. Podemos ejercer el cinismo sin tapujos.

¿Es esto un alegato de inocencia por Rosario Porto y Alfonso Basterra? En absoluto. Es, sencillamente, una proclama por el respeto a nuestro sistema judicial, por la recuperación de su maltrecho prestigio, por tener la garantía como ciudadanos de que las instituciones del Estado de Derecho que nos otorgamos funcionan con corrección. Pequeñas menudencias que no venden periódicos ni generan masivas audiencias en televisión, pero que vertebran una sociedad. Si Porto y Basterra son culpables, que se demuestre y argumente conforme a lo expuesto en un juicio. Pero que no se zanje el debate con la sensación de que las cartas han estado marcadas desde el principio.


Caso Asunta: Dar al público lo que pide
Por JOSÉ LUIS JIMÉNEZ - @Abcengalicia Santiago

ABC Galicia
4 de noviembre de 2015

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